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Editorial – ConFEsiones 3

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El año tiene unas 52 semanas y para mí la Semana Santa es “La Semana Grande”, ya nombrada así en la antigüedad, título que conservó hasta hace poco en el Breviario Romano.

Es un tiempo de paz interior y reconocimiento, así como también, y basándome en mis años de nazarena, este tiempo precedente de la Pascua, son días de actividad frenética, de olvido de otras obligaciones, de nervios y ojos puestos en el cielo tanto espiritual como literalmente ante la amenaza de lluvia o por el contrario observando ese maravilloso sol que a las 18 horas alumbrará nuestro camino y que me irá marcando las calles por las que debo abrir el desfile procesional.

Abrir el desfile, ¡qué gran responsabilidad! Tener presente los tiempos, traslados, ritmos y sobre todo el bienestar de todos y cada uno de los hermanos que formamos el desfile procesional, pero en especial de aquellos que van debajo de tantos kilos. Sin todos ellos no sería posible nuestra salida cada Sábado de Pasión, pasión que todos ponemos ese gran día. Gracias.

Hoy puedo decir que estoy muy contenta de pertenecer a esta cofradía y sobre todo muy agradecida a esa persona que hace 17 años confió en mí, nombrándome la primera vocal juvenil y miembro fundadora y posteriormente vicepresidenta de esta cofradía.

Tan sólo me resta decir que me queda mucho que aprender y tal vez enseñar a aquellos que me quieran seguir cada Sábado de Pasión por las calles de Murcia. Pero sobre todo que esta tarea con todos juntos y bajo la atenta mirada del Santísimo Cristo de la Fe y Nuestra Señora María de los Ángeles, será más productiva y satisfactoria.

ESTHER MURCIA GOMICIA Vicepresidenta

 

 

Año 2016 en la Fe

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Entre las actividades de este año, destacar las siguientes:

Retomamos la convivencia anual cofrade, celebrada en las instalaciones del colegio, que no solo nos permitió volver a nuestra infancia, sino que nos brindó la oportunidad de crecer como cofradía e ilusionarnos con nuevos sueños, conocer a nuevos hermanos y emprender proyectos comunes.

Como todos los años, nos reunimos alrededor de una mesa para preparar comentar y poner en común las expectativas cercanas de nuestra procesión.

Según es ya costumbre, participamos en reuniones, procesiones y eventos organizados por el Cabildo Superior de cofradías y por otras entidades, incluso fuera de Murcia, como el caso de participar en una procesión en Orihuela.

Un año más, en la procesión del Corpus Christi proclamamos nuestra Fe ante la presencia del Santísimo Sacramento.

El año cofrade no acababa aquí. 2016 nos brindó la oportunidad de participar agradecidos a la Coronación de la Virgen de la Soledad, invitados por la cofradía del Perdón y, cómo no, mencionar un cierre entrañable en el año de la Misericordia con la celebración de la Jornada Diocesana de hermandades y cofradías.

Entre las actividades realizadas por nosotros, destacar la conferencia a cargo de Don Antonio José Abellán Roca sobre la misericordia de Dios.

Gracias de corazón a todos hermanos los cofrades que están, los que hemos dejado en este bonito camino y también a todos aquellos que vendrán, su compromiso y buen hacer por nuestra Cofradía. Donde el corazón siempre fue guiado del espíritu Franciscano, donde San Francisco nos susurraba “comienza haciendo lo que es necesario, después lo imposible y de repente estarás haciendo lo posible”.

MAGDALENA CANTABELLA

El año de la Misericordia

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Francisco realizó el anuncio en el segundo aniversario de su elección como Pontífice el pasado viernes 13 de marzo, durante la homilía que dio inicio a las 24 horas para el Señor, una propuesta celebrada en todo el mundo para promover la apertura extraordinaria de las iglesias y favorecer la celebración del sacramento de la Reconciliación.

¿Con qué motivo?

Con el Jubileo de la Misericordia, Francisco quiere poner en el centro de la atención al Dios misericordioso que invita a todos a volver hacia Él. El encuentro con Dios inspira la virtud de la misericordia. La apertura del próximo Jubileo adquiere un significado especial ya que tendrá lugar en el 50º aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II (1965), un impulso para que la Iglesia continúe la obra iniciada con el Vaticano II.

¿Qué es un Año Santo?

Consiste en un perdón general, una indulgencia abierta a todos, para renovar la relación con Dios y con el prójimo. De este modo, los jubileos son siempre una oportunidad para profundizar la fe y vivir con un compromiso renovado el testimonio cristiano.

La misericordia es un tema muy sentido por el Papa, quien ya como obispo de había escogido como lema propio miserando atque eligendo. En el primer ángelus después de su elección, el Santo Padre afirmó que: “Al escuchar misericordia, esta palabra cambia todo. Es lo mejor que podemos escuchar: cambia el mundo. Un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo. Necesitamos comprender bien esta misericordia de Dios, este Padre misericordioso que tiene tanta paciencia” (Ángelus del 17 de marzo de 2013). Además, en el texto de la edición en castellano de la exhortación apostólica Evangelii gaudium el término “misericordia” aparece 29 veces.

Líneas fundamentales de expresión y seguimiento de la misericordia de Dios.

Visitar y cuidar a los enfermos, Dar de comer al hambriento, Dar posada al peregrino, Vestir al desnudo, Visitar a los presos, Misericordia, no sacrificios; Actuar con el corazón.

Dios es amor, él nos amó primero, nos ama siempre, reiteró el Papa Francisco en su homilía, haciendo hincapié en el mandamiento nuevo de Jesús, regalo de amor de Dios, y con la primera Carta de San Juan, en la exhortación de amarnos «los unos a los otros, porque el amor procede de Dios y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios», el Santo Padre recordó de dónde viene el amor verdadero:

«Esta palabra ‘amor’ es una palabra que se usa tantas veces y que cuando se usa no se sabe qué significa exactamente.  ¿Qué es el amor? A veces pensamos en el amor de las telenovelas. No, ese no parece amor. El amor puede parecer un entusiasmo por una persona y después… se apaga. ¿De dónde viene el amor verdadero? Todo el que ama ha sido generado por Dios, porque Dios es amor. Juan no dice: todo amor es Dios, sino Dios es amor»

Y con el amor de Dios, el Papa reflexionó asimismo sobre la compasión de Jesús, recordada en la liturgia del día, en la multiplicación de los panes. «Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció», que no quiere decir que tuvo pena, advirtió el Santo Padre, para luego reiterar que no es lo mismo compadecer y tener pena. Porque el amor que Jesús siente hacia quienes lo rodean «lo lleva a padecer con ellos, a implicarse en la vida de la gente». Entre los ejemplos del amor de Dios que es el primero en amarnos, recordó también el del hijo pródigo y el Jubileo de la Misericordia:

«Cuando tenemos algo en el corazón y queremos pedir perdón al Señor, es Él el que nos espera para darnos su perdón. Este Año de la Misericordia es también esto: que recordemos que el Señor nos está esperando, a cada uno de nosotros. ¿Para qué? Para abrazarnos. Nada más. Para decir: hijo, hija, te amo. He dejado que crucificaran a mi Hijo por ti; éste es el precio de mi amor; éste es mi regalo de amor».

Tras alentar a que tengamos siempre la certeza de que «el Señor me espera, el Señor quiere que yo abra la puerta de mi corazón», el Papa Francisco dijo que si se asoma el escrúpulo de no sentirse dignos del amor de Dios, es mejor, porque Él nos espera como somos, como nos dicen que hay que ser:

«Ir ante el Señor y decir: ‘tú sabes Señor que te amo’. O si no: ‘tú sabes Señor que quisiera amarte, pero soy tan pecador, tan pecadora’. Y Él hará lo mismo que hizo con el hijo pródigo que se gastó todo el dinero en vicios: no dejará que termines tus palabras y con un abrazo te hará callar. El abrazo del amor de Dios».

ANTONIO JOSÉ ABELLÁN ROCA

Defended la Fe

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Llegó la última a nuestra Semana Santa y es sin duda la primera. Que nadie se confunda en este punto, pues la humildad franciscana nos libre de cualquier comparación. La primera en el sentido de semilla, de germen, nada más.

Es cierto que junto a la esperanza y la caridad forma el trio de virtudes teologales; pero voy a permitirme resaltarla por encima de todas: La Fe es el comienzo del camino, la puerta, es el primer paso. El Pilar maestro sobre el que ir ramificando otras virtudes, y de ella parte cualquier advocación o expresión del amor de Cristo o al amor a Él.

Origen fecundo del bien y de la relación con Dios. Son solo dos letras las que construyen en el diccionario castellano la palabra más importante del cristiano, pero también para cualquier ser humano. La esperanza, dicen, es lo último que se pierde, y yo me permito añadir: siempre y cuando no hayamos perdido antes la Fe. Volviendo a la palabra, son solo dos letras a las que hay que proteger, defender y cuidar.

La Fe, no es escándalo (aunque debiera serlo) ni sorpresa está siendo atacada por unos por ser el pretexto bajo el que otros quieren sembrar el terror. Esa, la de los que siembran el terror diciéndose motivados por ella, es sin duda es una fe corrompida por el odio. Es esta una fe utilizada.

La denostación de la Fe, de nuestra Fe, también es asunto recurrente en el ámbito mediático y social: burlas hacia los creyentes o desprecio hacia lo que creemos lleva aparejado.

Existen ataques a la Fe con la violencia de las armas por parte de los que dicen actuar en nombre de ella; pero en cuanto a los denostadores, sus ataques son quizás menos evidentes y desde luego contundentes, menos virulentos en sus consecuencias, aunque el azote de las palabras y de los actos, también puede llegar a derruir ciertos muros. La lluvia que más cala no es la torrencial.

Es aquí donde volvemos unas líneas arriba, donde decía eso de proteger, defender y cuidar. De los demás (justo arriba descritos), pero también de nosotros mismos. De nuestro particular San Pedro que unas veces con más consciencia y otras con menos nos hace negar e incluso renegar de palabra, obra u omisión de la Fe que nos une a Cristo y nos reúne, por ejemplo, el Sábado de Pasión.

Nuestra defensa y protección de la Fe ha de ser con palabras, claro, cuando la ocasión así lo tercie. Pero “por sus obras los conoceréis” (Mt 7,15-20) y no se trata de enzarzarnos nunca en pugnas bidireccionales con reminiscencias bélicas de otro tiempo.

Nuestro cuidado de la Fe comienza el Sábado de Pasión, de marrón frailuno desde “la Redonda”.

La Fe en primera persona: Entrevista con Paco Rivera Amorós

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Francisco Rivera, es uno de nuestros hermanos cofrades más representativos. Paco, vinculado a la Parroquia y los Hermanos Capuchinos desde siempre, ha estado en la Cofradía desde el principio y ha sido de 2007 a 2015 Cabo de Andas de nuestro Titular.

¿Cuál es tu primer recuerdo en los Capuchinos?

Tengo uno muy vago, hace mucho tiempo, muy atrás cuando siendo pequeño fui a recoger a un primo hermano que estaba interno en el colegio, recuerdo que en el patio de delante había unos tubos para jugar. De verdad lo que recuerdo fue mi primer día en el colegio, mi hermano ya había sido alumno antes que yo, había dejado junto con el Padre Félix a alguien que me recogiera en la entrada del patio y me llevara a nuestra aula. Recuerdo que dejé de ser Rivera para que me llamaran por mi nombre, fue un bonito comienzo y recuerdo con cariño, el día de mi primer santo (San Francisco) como alumno, me regalaron un Crucifijo, todos mis compañeros y eso que solo llevaba unos días en el centro, aun preside mi mesa de trabajo desde entonces.

¿Cuánto de Franciscano hay en el día a día de Paco?

Ser alumno de capuchinos en un estilo de vida, es una impronta, ha de ser un intentar vivir según los frailes nos enseñaron y yo tuve a los mejores: Félix, Sebas, Miguel, Clemente, Benjamín, y sobre todo al padre Ramón. Así es difícil no haber aprendido mucho en esas aulas. Creo que hay mucho de fraternidad, de ayuda, de servicio, de cariño y sobre todo en intentar oír y estar cerca, aunque está claro que no siempre, bueno casi nunca lo consigo. Pero de ellos en mi queda mucho es como un poso que cura con los años y todo lo macera, entre Francisco y Clara.

¿Cómo recuerdas los inicios de nuestra Cofradía?

Un grupo de personas del colegio y de la parroquia, así como de nuestras familias y amigos trabajábamos para presentar una nueva cofradía para Murcia y bueno, se nos adelantaron. Fue entonces cuando nació nuestra Cofradía, junto con mi amigo Paco Vivo, nos quedamos al margen tal vez por no interferir, no molestar y no ir con nuestras ideas a un proyecto nuevo y distinto.  Durante los dos primeros años nunca quise verla. Pero un día Juan de Dios, nuestro Presidente, me invito a participar y no supe decir que no, y además me puso a los pies del Cristo como estante y en la parte trasera a las órdenes de Miguel. Recuerdo que llegué muerto, pero feliz. Nunca la había visto y no había sido estante. Me ilusioné y desde entonces hasta el día de hoy.

¿Y la primera procesión como Cabo de Andas en 2007 en la que además llovió?

Juan de Dios me llamo y me propuso ser Cabo de Andas, porque yo ya me había retirado del trono por las molestias en mi espalda. Fue un susto y un subidón, ¿¡cómo lo haría!?, ¿qué era eso?  Qué miedo. Pero pronto tuve a mi lado a Jorge y el apoyo del trono y me embarqué en aquella aventura. Fue excitante, lleno de miedos por hacerlo bien de responsabilidad y de un profundo orgullo. Tal vez en el momento en que di el primer toque de llamador en el patio para el ensayo, el trono se calló, se puso firme, se pusieron a la tarea y supe que con aquellos hermanos estantes nada podía salir mal…

Nuestra salida es difícil, peculiar, diferente y nuestro trascurrir por las calles es franciscana. En silencio y humildad, éramos pequeños y nuevos y sin caramelos y tradición, aun la gente se cruzaba, hablaban, no hacían mucho caso y aun recorríamos las calles casi en solitario. Fue hermoso, cansado y agotador y lleno de rezos en silencios y de mil momentos con mis hermanos por las calles. Sin Jorge nunca lo habría conseguido y sin mis ojos que miraban por mil tampoco.

La lluvia… bueno, lo que faltaba, intentamos meter el trono en el arco de Santo Domingo y no pudo ser, recuerdo que en el tumulto que se formó, me tuve que quitar el capuz er entre tantas voces y sugerencias, subido en una silla di las ordenes y regresamos a la carrera.  Quiero referirme a una cosa: Al día siguiente en la prensa se decía que el Cristo de Fe había vuelto solo y sin sus cofrades a su sede en san Francisco. No, que va, volvió a hombros de sus hijos, mojados y contentos, escoltado por sus mayordomos, con sus acompañantes y sus cofrades de honor. Con su presidencia y con el amor de sus hijos de Murcia que además eran muchos de los capuchinos… No, no volvió solo sino muy arropado y querido por sus cofrades.

¿Qué supuso para ti despedirte del paso?

Se cierran etapas, se abren otros caminos y se renuevan personas, ideas y sensibilidades y creí que era el momento de irme. Sin decir nada y en silencio. No fue fácil dolió y mucho, pero cada cual ha de saber su grado de compromiso y su quehacer en su trabajo de ser estante o cofrade, siempre me dijeron que aquello que yo dejara de hacer a otro le tocaría por mí.

Dejar el trono, era una necesidad de cambios, de reflexión y de nuevas expectativas y yo en ese momento no era el más indicado, y de un modo u otro cada cual ha ser dueño de sus propios errores, así que tocaba dejarlo ahora que aún era el momento y creo que hice bien. Jorge y José Carlos son dos estupendos Cabos y cuentan con el mejor grupo posible de estantes bajo Nuestro Cristo de Fe.

Haciendo un Balance de alegrías y desvelos, ¿qué ha supuesto para ti la cofradía desde su fundación?’

El balance siempre es positivo y no es una frase al uso, es verdad, los seglares tenemos que vivir nuestra fe y nuestra comunión con los hermanos dentro de la Iglesia y las cofradías es uno de los muchos instrumentos que la iglesia nos pone. Somos lentos y solemos acordarnos de la cofradía cuando llega Semana Santa y tenemos que salir, pero en el fondo es un camino, un lugar, un encuentro con los hermanos para vivir nuestro compromiso. El balance siempre es bueno, damos testimonio de Amor, no de muerte sino de entrega, de donación de compromiso hasta el final, de paz, de esperanza, de profunda Caridad por sus hijos y decimos que Él lo demostró.

La Cofradía con sus sinsabores y sus alegrías es un mundo cargado de momentos de oración y de fe y de hermandad así que mi balance es positivo y siento mucho que muchos no lo entiendan y crean que solo es un desfile más, que no sepan leer más allá de sus propias limitaciones y esto lo dijo por el inmenso dolor de otras hermandades y cofradías de Murcia que están desamparadas a su propia suerte por falta de sensibilidad de sus consiliarios.

¿Cómo vivías la Semana Santa antes del nacimiento de nuestra Cofradía?

Bueno, nací en el seno de una familia cristiana y eso es fundamental, siempre la he vivido, según mi edad, el grado de maduración y los acontecimientos. Después soy un alumno de Capuchinos y siempre he estado comprometido con su ideario y con la parroquia de San Francisco, y por último y muy importante desde los 17 años, he acompañado por Murcia al Cristo de Refugio, soy un niño de Refugio en lo más profundo de mi ser. Así que la Semana Santa siempre la he tenido muy presente y bueno me dedico al mundo del arte y el diseño, ver desfilar por Murcia sus procesionales es toda una maravilla. Siempre la he vivido en Silencio que es como me lo enseñaron desde niño.

¿Qué es para ti ser nazareno de la Fe?

Ser nazareno, solo eso sin nombre ni apellido. Es dar testimonio del Amor de Cristo en su donación, y en su entrega, es sentirse participe de la comunidad de los cristianos, y es vivir un sin fin de sensaciones cuando procesionas por las calles de Murcia, es una oración en silencio, es ver las miradas de las gentes atrapadas en el rostro de un hombre ajusticiado, es ver como se lo explica la madre al niño y le ensaña a persignarse. El de Murcia al forastero le cuenta lo que está viendo, es ver al señor mayor ponerse en pie al paso del Cristo y llenarse los ojos de lágrimas, un momento de súplica, de petición, de esperanza, un momento para una rosa en el camino. Ser nazareno es ver desde una tribuna a la Murcia nazarena con sus tradiciones y sus anhelos. Ser nazareno es saber que, aunque hierres siempre esta Él para perdonarte y ayudarte otra vez más, es saber que formas parte de algo tan grande como tu fe y la de tus mayores. Ser nazareno es una Gracia de Dios.

¿Cómo ves el futuro de la Cofradía?

Con grandes retos por delante, con un nuevo camino, abriéndose aún más a la Murcia nazarena. Tiene que unirse el colegio y la parroquia y tiene que ser un lugar de encuentro y de fraternidad, y esto suena a palabra siempre correcta, pero es lo que ha de hacer, tiene tanto aun por proponer. Tiene que hacerse mayor y los padres Capuchinos la tienen que dejar que crezca, no sé cómo, la cofradía necesita comprometer a sus cofrades aún más en ella y sus labores que han de durar todo el año.  Yo creo que si es obra de Dios Nuestro señor tendrá un hermoso futuro por delante y estoy seguro de ello.

¿Cuál es tu papel actualmente en ella?

En este momento estar entre ellos como otro más ayudando en lo que puedo, pero en silencio. Ahora mi papel es sentirme cofrade de la Fe y ponerme a su servicio, así como de todos los cofrades, pero en segunda fila y en silencio. Que ya hablo demasiado…

Para terminar Paco, haznos dos recomendaciones: Momentos de la procesión o lugar para ver nuestra procesión desde fuera y otra para vivirla desde dentro.

Está claro que la salida y la entrada por su especial forma de proceder y cuando entra los Nazarenos están ya rotos y bueno que bien lo hacen.

Pero el mejor de los momentos para mí ha sido la visita de del Esposo a sus esposas, del Padre a sus hijas. La estación frente a la ventana de la Madres Dominicas, ese es el mejor momento, yo pediría ahora que estoy ya fuera que fuese aún más silencioso, más solemne, más emotivo, más largo sin prisas que sea como el broche que toda Murcia se agolpa por ver y vivir. Que sea el momento de la identidad más genuina de una procesión de silencio y adoración.

Pocos saben en Murcia que nuestra procesión empieza dentro del templo con los rezos y las Lecturas y termina de igual manera. Eso es algo especial entre nosotros, ahí está la esencia de nuestra estación de penitencia, vivirlo siempre con la mayor de las emociones… y luego cada cual, a su sitio, pues todo quehacer es importante para Gloria de Nuestro Señor.

Discurso del Nazareno del Año: Carmen Rosa Sandoval López

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Solo unas palabras para agradeceros a todos, el gran honor que ha sido para mí el haber sido elegida NAZARENA DEL AÑO 2016. Reconozco que fue una grata sorpresa conocer por medio de nuestro Presidente, Juan de Dios dicho nombramiento.

Nuestro Santo Cristo de la Fe fue testigo hace ya casi cuarenta años de un día muy feliz en mi familia, con la boda de mi hermano mayor. Por ello, cuando en 1999 supimos mi hija Carmen y yo que en el Colegio se iba a crear una Cofradía de Semana Santa con la imagen del Cristo de la Fe, no dudamos ni un momento en hacernos cofrades de ella. Fue para mí desde el primer momento una gran ilusión, la cual ha ido creciendo con el paso de los años.

Cada año, desde que comenzamos a desfilar por las calles de Murcia observo como las gentes de nuestra ciudad admiran nuestra seriedad y silencio en el procesionar y cómo gusta nuestro atuendo en color marrón propio de los hábitos franciscanos, acompañando a las bellas imágenes de Nuestro Santo Cristo de la Fe y Nuestra Santa María de los Ángeles.

Sirvan también estas palabras de agradecimiento para recordar al mismo tiempo que detrás de esta procesión están una serie de personas que desde el primer momento de su creación trabajan con todo su amor y dedicación, para que todo funcione así de bien.

Siempre desde el principio supe que pertenecer a una cofradía, traería consigo una serie de pequeños compromisos, reuniones, cabildos, etc.,

Finalmente os animo a todos los que estéis indecisos, y que hoy estáis con nosotros a que os hagáis Cofrades de Nuestro Santo Cristo de la Fe y Santa María de los Ángeles, pues os llenará de alegría.

Carmen Rosa Sandoval López

Discurso del Nazareno del Año: Antonio Morata

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A las puertas de iluminar Murcia con nuestra procesión, tengo el honor de dirigirme a vosotros, cofrades, como Nazareno del Año.

Cuando nuestro presidente me llamó para informarme del nombramiento, no adivinaba cual era la razón. Mi pregunta inmediata fue ¿por qué a mí?

Él me respondió que lo recibía en representación de un grupo de amigos, que un buen día decidimos unirnos y formar parte de esta cofradía. Un grupo de amigos que con ilusión, trabajo y alegría nos hemos hecho más hermanos aquí. Ayudando en todo lo posible, para que esta joven cofradía sea mejor para todos los integrantes de la misma y de toda la semana santa de Murcia. Colaborando con los hermanos que trabajan en labores apenas perceptibles para la mayoría de nosotros, pero que son fundamentales para que todo funcione. A todas las personas que pensaron en mi para representarlos, a todas las que se han alegrado y que nos han dado la enhorabuena, este grupo de amigos os da las gracias de todo corazón.

Quiero tener unas palabras de ánimo hacía un amigo nuestro que estos días lucha por recuperarse de una enfermedad. Nuestras oraciones y nuestra fe están con él.

Aprovecho este momento para invitar a todas aquellas personas que están indecisas y les gustaría formar parte de esta cofradía, a que se unan a nosotros. Verán que merece muchísimo la pena compartir experiencias con las personas que ya la forman.

Encomendémonos a nuestro Cristo de la Fe y a nuestra Señora de los Ángeles en este desfile de pasión que vamos a iniciar. Seamos, un año más, heraldos de Paz y Bien.

Antonio Morata

Carta a los jóvenes

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Creo que todos nos hemos preguntado alguna vez sobre las ultimidades de la vida (el sentido o razón ser de nuestra existencia). Conforme he ido cumpliendo años, estas últimas preguntas han llegado a ser compañeras inseparables. Cumplidos los sesenta años deseo contaros mi Fe Católica.

Mi fe comenzó desde muy niño, aprendiendo en la escuela la Historia Sagrada, en los salones de la parroquia, el Evangelio del día, media hora antes de que comenzara la misa, en la Catequesis, con la memorización básica del Catecismo y desde luego con la práctica del comportamiento cristiano en mi familia.

Llegué a estar convencido de forma natural de que la forma de vida cristiana que veía en mi familia era una buena forma para vivir y desde luego era mucho mejor que el tipo de vida que llevaban otras personas que estaban apartadas de las reglas morales del Evangelio.

Con esto quiero deciros que la fe religiosa comienza siendo fe humana O sea, no nos llega de forma espontánea sino a través de la enseñanza. La tarea fundamental del cristiano es dar cumplimiento al mandato divino: Id y enseñad el Evangelio (Mateo 28, 19 y 20 así como en Marcos 13,10).

Debemos pues, anunciar el Evangelio tanto a aquellos que no lo conocen, como a los que han visto debilitada su Fe. Sin ésta fe aprendida no es posible alcanzar la virtud teologal de la Fe. De ahí la importante y sagrada función docente de la Iglesia y de todos los cristianos. Y es que la fe que aprendí en mi infancia no era un mero deísmo, La Fe Católica requiere motivos de credibilidad. Aprendí que las fuentes de nuestra Fe son: la Revelación directa y la Tradición como fuente complementaria.

Con estas premisas os estoy asegurando que los cristianos católicos, somos los depositarios del Evangelio que, predicado por boca de Nuestro Señor, fue recibido por los primeros Discípulos, y que ha sido conservado de forma íntegra y fiel por la Tradición cristiana, custodiada por la Iglesia Católica.

Por eso debo preveniros de que si aceptamos romper ese hilo conductor de la continuidad e integridad de la Fe de Jesucristo que es la Tradición de los Santos Padres que nos precedieron, con el argumento de que para que el mundo moderno nos entienda hay que adaptar a la Iglesia a sus postulados, la consecuencia inexorable es la pérdida de la Fe.

Os estoy diciendo que la Fe Católica es racional. O sea, puede demostrarse, no es una mera experiencia religiosa. ¿Qué ganamos si seguimos el modo de vida cristiano?. Sin duda, ganamos el vivir de forma grata en familia y educar a los hijos en los sanos principios.

La continuidad de la forma de vivir conforme al Evangelio, acaba convirtiéndose en hábito y ya la Fe deja de ser fe aprendida, para convertirse en Virtud. Esta acepción de la Fe como confianza en Jesucristo, es la que vemos en nuestros abuelos quienes a pesar de todas las contradicciones que padece la Iglesia moderna, son sus más fieles practicantes. Si les preguntáis, os dirán sin dudar, que la vida cristiana que han llevado ha sido tan gratificante, que si volvieran a nacer volverían a vivir como cristianos de la misma forma.

Por último, tengo que deciros que el Catecismo nos enseña que la Fe es además, una Virtud Teologal, es decir, proviene de Dios. Si bien la Fe, en sus dos anteriores acepciones es obra de la voluntad humana, la tercera, no la podemos ganar por nuestros propios méritos. Solo podemos confiar con esperanza en que la Omnipotencia de Dios nos otorgará sin duda, la Gracia inmerecida de la Fe Teologal.

No sé si estas cosas os las explican ahora. Espero que estos conceptos básicos que aprendí en mi infancia, os sirvan también a vosotros en vuestro personal camino de Fe.

José Miñarro García

Católicos. ¿Estamos solos?

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Ante la pregunta que puede surgir dentro de la comunidad de si estamos solos frente al resto de las religiones que hay en el mundo, se podrían dar muchas respuestas, pero solo hay que pararse un momento para poder echar una mirada a nuestro alrededor y darse cuenta de que no es así. Si nos fijamos en el siguiente gráfico, podemos observar que hay muchas más religiones de aquellas de las que teníamos conocimiento. Esto quizá haga plantearnos la concepción de tamaño de la religión católica que tenemos frente a otras religiones.

Errores de percepción y efecto halo.

Para explicar lo que es el efecto halo, propongo un ejemplo. En España saludamos de una manera que es muy diferente a Japón, Marruecos o Helsinki. Pensar que en todos los sitios vamos a poder acercarnos y saludar dando nuestros tradicionales dos besos, puede meternos en situaciones apuradas y generar malentendidos.

Por eso, si tomamos como referencia nuestros círculos cercanos, podemos perder la perspectiva de crecimiento o disminución de los católicos, y todo ello influye en la adopción de normas, recomendaciones y demás que deben ser acatadas por todos los católicos, sin interferir en sus cuestiones culturales.

¿Menos o más (aumento o disminución)?

Desde hace tiempo se viene teniendo la sensación de que hay una disminución de católicos, pero para tener una perspectiva verdadera, debemos alejarnos de los círculos tan cercanos en los que nos movemos y mirar más allá, porque a veces, el árbol no nos permite ver el bosque en su amplitud total. Veamos cifras por continentes, destacando de cada uno de ellos a modo de curiosidad, los países con mayor y menor porcentaje de población católica. En el caso de Europa los que menos son Finlandia, Estonia, Grecia, Moldavia y Rusia, que no llegan ni al 1%. Y los que más Polonia, Mónaco, Malta, Andorra, España, San Marino y la Ciudad del Vaticano, con porcentajes que oscilan entre el 89,80% de Polonia y el 100 del Vaticano.

En Asia los países menos católicos no superan el 0,1%, en una lista que no nos sorprende pues encontramos a Afganistán, Uzbekistán o Corea del Norte. Que contrastan con el 88,84% de Timor Oriental que se considera católico, el 80% de Filipinas, que encabezan el ranking seguidos de lejos por el Líbano con el 30%.

África es un continente en donde crece el catolicismo, pero con países como Somalia y Argelia con presencia testimonial, o los más del 85% de creyentes en Guinea Ecuatorial, Santo Tomé o Cabo Verde

En América los datos se revierten. Las rarezas son Barbados o Jamaica, con menos del 10% de católicos, con porcentajes siempre altos en todos los países superando el 90% en Venezuela u Honduras.

Previsiones de evolución

En los siguientes gráficos, puede verse una proyección en el tiempo de la evolución de los católicos por continentes, pudiendo observarse que si bien en continentes donde tradicionalmente se tenían unos valores que alcanzaban la mayoría, van disminuyendo sensiblemente, mientras que en otros continentes donde la población católica no era tan numerosa van en aumento.

Las razones de la evolución de las cifras, exceden de la intención de este artículo y pueden ser motivo de otro posterior.

Juan José Paterna

¿De verdad los tiempos cambian que es una barbaridad?

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Los años pasan y los tiempos y la costumbre social cambia una “barbaridad”, que diría la canción. Pero realmente todo ha cambiado, nada es como era y nuestro sentimiento y nuestra forma de expresión de Fe también; parece que se acomoda a los años y avanza a veces más ligero que el propio avance de todo el entramado de la Iglesia entendida como ente. A veces parece que hay un acierta descompensación entre lo que sentimos y lo que podemos hacer por ser parte viva de nuestra Comunidad Eclesial.

Hemos hecho una encuesta para ver la evolución de los cristianos de a pie, de los más cercanos, de aquellos que se sienten o se han sentido comprometidos y de cómo actúan en la actualidad. Hemos tenido el comentario de una persona de 84 años hasta el más joven de 32. En todos hay unos puntos de inflexión y en lo que están de acuerdo, sí, a pesar de la diferencia de años y de haber vivido en épocas y circunstancias completamente diferentes. Pero en resumidas cuentas todos siguen una misma pauta y al final el resultado es definirse como cristianos comprometidos, con Fe suficiente para vivir la vida dentro de la Iglesia y transmitirlo a todos los que están a su alrededor. Vamos a ver las diferentes contestaciones a las mismas cuestiones que se plantean a cada uno de nuestros hermanos invitados a participar con sus sentimientos de forma personal e íntima.

Empezaremos por la persona más mayor, Antonia, 84 años, cristiana católica y apostólica, presume de ser creyente, y de ver realizados en su vida lo que ella llama “milagritos de diario” que no son más que la forma que tiene de dar gracias a Dios por cada una de las cosas buenas que en su vida han pasado. Le preguntamos como era su vida como creyente, en su juventud. Nos cuenta que con 20 años iba a misa por la mañana todos los días, pertenecía a Acción Católica, que era la única forma de trabajar y hacer algo por los más desfavorecidos; también pertenecía a la Cofradía del Corazón de Jesús y era catequista. En Acción Católica se daban charlas, se recogía cosas para los pobres y se repartían después, iban a las casas a pedir ayudas, y colaboraban en la parroquia cuando se organiza actividades. El Corazón de Jesús era una cofradía que se organizó en su colegio, donde estudió, que era de monjas. Hacia las actividades propias de la cofradía y salían en procesión. Daba catequesis a los niños de comunión: les enseñaba a rezar, la biblia, los mandamientos y la persona de Jesús. En algunos casos incluso tenían que enseñarles a leer y escribir.

Por supuesto su familia era católica creyente y su madre iba a misa todos los días, incluso en la época de la guerra, lo que les ocasionaba grandes problemas ya que ellos vivían en una zona en la que ser católico estaba muy mal visto. Su padre iba a misa los domingos. Dice que la educación que le dieron fue principal motor para su desarrollo personal en la Fe y su implicación en la iglesia. De igual manera durante toda su vida lo ha vivido con su familia, con su marido y sus hijos y ha educado y enseñado a los suyos todo lo que para ella ha sido fundamental para entender la Palabra de Dios.

Hoy las cosas han cambiado un poco al menos en la implicación personal, siendo tan mayor no puede ir a misa todos los días pero la ve en la tv y participa siempre que puede en su parroquia. Y comenta como han cambiado las cosas, desde su época pasando por la juventud de sus hijos y la juventud de sus nietos. Según su opinión ahora ve que hay mucha libertad, porque la gente dice que no cree en Dios y hacen lo que quieren y no tiene sentido. Las personas se alejan de la iglesia porque dicen que no creen en Dios, pero ella opina que lo que sucede es que no quieren entender que hay cosas que están por encima del egoísmo de querer sólo hacer el beneficio propio. También hay gente que cree en Dios pero no va a misa porque no les apetece porque no encuentran nada. Los jóvenes de ahora son absolutamente diferentes a los de su tiempo, tienen otra vida otra mentalidad, ha cambiado todo. A su opinión hay poca juventud que se compromete y que forma parte de la Iglesia.

Ahora encontramos el testimonio de otra mujer, de 67 años, que nos da otra visión diferente. Se trata de Mara, casada madre y abuela, jubilada de su trabajo como administrativa y aun trabajando como ama de casa. A la pregunta de cómo era su juventud veinteañera nos cuenta que se educó en un colegio de monjas, del que tiene muy buenos recuerdos. Empezó a trabajar como administrativa en un banco y por esa época de los 20 conoció al que luego sería su marido y llevan ya más de 50 años juntos. Cuando era niña participaba en el coro de su parroquia, después estuvo en el grupo de liturgia, participaba en las charlas y conferencias para jóvenes que se impartían y junto con sus amigas hacían canastillas y arreglos para luego llevarlos a las familias pobres. A ella la formación le llegó desde su infancia a través de su tía que hizo de madre, ya que ésta murió muy pronto, sus hermanas mayores también influyeron en su desarrollo cristiano y le ayudaron en el aprendizaje y la implicación personal en todos los aspectos de la Iglesia.

Siendo más mayor y con el paso del tiempo y la evolución social, se plantea y replantea su fe y su compromiso, busca estudiar y entender el porqué de situaciones y de actos que la Iglesia desarrolla y que no son especialmente sinceros y gratificantes para sus convicciones. Por supuesto su creencia y su compromiso los lleva muy adentro y es consciente de que ese mismo compromiso es el que le hace tener esa serie de inquietudes. Su marido siempre ha estado a su lado en esto, bueno incluso dice que ha sido más beato que ella, y creen que han sabido formar parte de una Iglesia en marcha que se ha movido y que en su medida ha evolucionado dentro de lo que se ha podido.

Se siente orgullosa de haber criado en la fe y el compromiso a sus hijos aunque la forma de manifestarlo no sea la misma, cree también que la obligación del cristiano es la de formar hombres y mujeres honrados, comprometidos con los demás y sobre todo felices y en esa felicidad, libres. También quiere apuntar que con el paso del tiempo se ha vuelto más crítica, pero sobre todo con algunas personas, entiende que todos somos humanos y que como tal a veces no se hagan las cosas de otra forma, se refiere precisamente a actitudes de algunos sacerdotes que le parecen desfasadas y fuera de lugar en los tiempos que corren, pero también dice que cada vez que ha tenido alguna observación que hacer, lo ha comentado en confesión y ha encontrado respuesta, por otra parte no le gusta cómo se divide la Iglesia en diferentes acepciones o formas (neocatecumenales, Opus Dei, etc.). Se manifiesta como cumplidora de los Mandamientos y cree que ahí radica el poder seguir los pasos de Jesús, entiende que en ello está la felicidad y la respuesta.

Ahora nos encontramos con Juan, 50 años, casado, con familia numerosa y con un sentido más crítico a todo lo que le rodea, con interrogantes y con madurez nos cuenta que en su época joven más bien pasaba de ir a misa, solo asistía a bodas bautizos y comuniones, no ha estado implicado en la iglesia.

“Yo trabajaba fuera de Murcia y donde estaba no me ubiqué en ninguna actividad parroquial. Pero por supuesto me considero cristiano católico y tengo fe, lo que sucede es que choco frontalmente con lo que percibo de la iglesia, eso no me quita ni la ilusión ni las ganas de hacer de todo esto algo más humano más cotidiano y más de cristiano de “andar por casa”. El entorno familiar es importante en la adquisición y mantenimiento de la fe, sobre todo inculcado por mi madre, ella es la que le da más peso a la religión y la que nos lleva a misa y se ocupa de la educación en la fe, mi padre pasaba bastante de esto. No es determinante de todas formas, evidentemente es importante lo que percibes de tus mayores y de cómo viven ellos la religiosidad pero creo que he avanzado en la fe por mi propia cuenta. He buscado respuestas a mis interrogantes y estas estaban dentro del propio compromiso del cristiano, y me ha gustado. Por supuesto que he cambiado mucho en mi percepción de la Fe y de la Iglesia, por la experiencia propia y mi creencia, sin cerrar la puerta a la iglesia, pero según yo voy madurando y evolucionando en mi vida convirtiéndome en adulto, veo más claro el significado del compromiso con mi fe, entiendo de qué forma se puede formar parte activa de esa misma iglesia que no terminaba de llenarme y entiendo que con mi trabajo y mi apoyo e implicación puede que consiga si no cambiar al menos entender parte de esas cosas que yo en mi juventud no entendía y me alejaban de este compromiso que ahora tengo.”

Por último el testimonio del más joven de nuestros encuestados, David, 32 años, casado, padre reciente y con un trabajo que dura casi todas las horas del día. Quizá es el más crítico de todos, se considera cristiano, convencido y asegura tener Fe, pero nos dice que actualmente no le atrae nada el acudir a la Iglesia de forma cotidiana porque no encuentra motivos.

   “Cuando era joven a veces me sentía como un corderillo que seguía un camino sin saber nada y sin sentir. Ahora las cosas por supuesto han cambiado y si me planteo estas cuestiones es solo porque me importan y porque entiendo que es mi forma de implicarme en lo que creo que es en Dios, y que quiero transmitírselo a mi hija, igual que mis padres hicieron conmigo, creo que he sido educado en la fe y que me siento cristiano y me siento bien y es algo importante en mi vida, y quiero que en la educación que yo le vaya dando a mi hija sea de igual manera, que crea en Dios, en un Dios bondadoso, justo y para todos igual. Con el paso del tiempo he aprendido a adaptarme mejor a lo que quiero a lo que siento y a cómo hacerlo, a calibrar bien el tiempo del que se dispone que no es mucho y a tratar de mantener la fe, a pesar de los interrogantes que con el paso de los años y el camino a la madurez, se van produciendo.”

Después de leer cada una de estas aportaciones, dejo a opinión del lector para que saque sus propias conclusiones. Pero si se me permite una aportación personal, creo, como dije al principio, que a todos de una forma u otra nos llega el saber y sentirnos cristianos, creer firmemente que estamos ante lo mejor que podemos vivir y por eso principalmente lo transmitimos a los nuestros como un legado maravilloso que nos hace crecer en la ilusión en la esperanza y en el amor pleno, en el mejor ejemplo que podemos dar que no es más que el resumen de nuestra fe, amar al prójimo como a ti mismo y a Dios por encima de todas las cosas porque es la mejor forma de ser feliz y de procurar un mundo mejor. Da igual que tardemos más o menos, lo importante es ser semilla que da fruto.

Luisa Rodriguez Teso