InicioRevista ConFEsionesNúmero 3La Fe en primera persona: Entrevista con Paco Rivera Amorós

La Fe en primera persona: Entrevista con Paco Rivera Amorós

Comentarios desactivados en La Fe en primera persona: Entrevista con Paco Rivera Amorós

Compartir

Francisco Rivera, es uno de nuestros hermanos cofrades más representativos. Paco, vinculado a la Parroquia y los Hermanos Capuchinos desde siempre, ha estado en la Cofradía desde el principio y ha sido de 2007 a 2015 Cabo de Andas de nuestro Titular.

¿Cuál es tu primer recuerdo en los Capuchinos?

Tengo uno muy vago, hace mucho tiempo, muy atrás cuando siendo pequeño fui a recoger a un primo hermano que estaba interno en el colegio, recuerdo que en el patio de delante había unos tubos para jugar. De verdad lo que recuerdo fue mi primer día en el colegio, mi hermano ya había sido alumno antes que yo, había dejado junto con el Padre Félix a alguien que me recogiera en la entrada del patio y me llevara a nuestra aula. Recuerdo que dejé de ser Rivera para que me llamaran por mi nombre, fue un bonito comienzo y recuerdo con cariño, el día de mi primer santo (San Francisco) como alumno, me regalaron un Crucifijo, todos mis compañeros y eso que solo llevaba unos días en el centro, aun preside mi mesa de trabajo desde entonces.

¿Cuánto de Franciscano hay en el día a día de Paco?

Ser alumno de capuchinos en un estilo de vida, es una impronta, ha de ser un intentar vivir según los frailes nos enseñaron y yo tuve a los mejores: Félix, Sebas, Miguel, Clemente, Benjamín, y sobre todo al padre Ramón. Así es difícil no haber aprendido mucho en esas aulas. Creo que hay mucho de fraternidad, de ayuda, de servicio, de cariño y sobre todo en intentar oír y estar cerca, aunque está claro que no siempre, bueno casi nunca lo consigo. Pero de ellos en mi queda mucho es como un poso que cura con los años y todo lo macera, entre Francisco y Clara.

¿Cómo recuerdas los inicios de nuestra Cofradía?

Un grupo de personas del colegio y de la parroquia, así como de nuestras familias y amigos trabajábamos para presentar una nueva cofradía para Murcia y bueno, se nos adelantaron. Fue entonces cuando nació nuestra Cofradía, junto con mi amigo Paco Vivo, nos quedamos al margen tal vez por no interferir, no molestar y no ir con nuestras ideas a un proyecto nuevo y distinto.  Durante los dos primeros años nunca quise verla. Pero un día Juan de Dios, nuestro Presidente, me invito a participar y no supe decir que no, y además me puso a los pies del Cristo como estante y en la parte trasera a las órdenes de Miguel. Recuerdo que llegué muerto, pero feliz. Nunca la había visto y no había sido estante. Me ilusioné y desde entonces hasta el día de hoy.

¿Y la primera procesión como Cabo de Andas en 2007 en la que además llovió?

Juan de Dios me llamo y me propuso ser Cabo de Andas, porque yo ya me había retirado del trono por las molestias en mi espalda. Fue un susto y un subidón, ¿¡cómo lo haría!?, ¿qué era eso?  Qué miedo. Pero pronto tuve a mi lado a Jorge y el apoyo del trono y me embarqué en aquella aventura. Fue excitante, lleno de miedos por hacerlo bien de responsabilidad y de un profundo orgullo. Tal vez en el momento en que di el primer toque de llamador en el patio para el ensayo, el trono se calló, se puso firme, se pusieron a la tarea y supe que con aquellos hermanos estantes nada podía salir mal…

Nuestra salida es difícil, peculiar, diferente y nuestro trascurrir por las calles es franciscana. En silencio y humildad, éramos pequeños y nuevos y sin caramelos y tradición, aun la gente se cruzaba, hablaban, no hacían mucho caso y aun recorríamos las calles casi en solitario. Fue hermoso, cansado y agotador y lleno de rezos en silencios y de mil momentos con mis hermanos por las calles. Sin Jorge nunca lo habría conseguido y sin mis ojos que miraban por mil tampoco.

La lluvia… bueno, lo que faltaba, intentamos meter el trono en el arco de Santo Domingo y no pudo ser, recuerdo que en el tumulto que se formó, me tuve que quitar el capuz er entre tantas voces y sugerencias, subido en una silla di las ordenes y regresamos a la carrera.  Quiero referirme a una cosa: Al día siguiente en la prensa se decía que el Cristo de Fe había vuelto solo y sin sus cofrades a su sede en san Francisco. No, que va, volvió a hombros de sus hijos, mojados y contentos, escoltado por sus mayordomos, con sus acompañantes y sus cofrades de honor. Con su presidencia y con el amor de sus hijos de Murcia que además eran muchos de los capuchinos… No, no volvió solo sino muy arropado y querido por sus cofrades.

¿Qué supuso para ti despedirte del paso?

Se cierran etapas, se abren otros caminos y se renuevan personas, ideas y sensibilidades y creí que era el momento de irme. Sin decir nada y en silencio. No fue fácil dolió y mucho, pero cada cual ha de saber su grado de compromiso y su quehacer en su trabajo de ser estante o cofrade, siempre me dijeron que aquello que yo dejara de hacer a otro le tocaría por mí.

Dejar el trono, era una necesidad de cambios, de reflexión y de nuevas expectativas y yo en ese momento no era el más indicado, y de un modo u otro cada cual ha ser dueño de sus propios errores, así que tocaba dejarlo ahora que aún era el momento y creo que hice bien. Jorge y José Carlos son dos estupendos Cabos y cuentan con el mejor grupo posible de estantes bajo Nuestro Cristo de Fe.

Haciendo un Balance de alegrías y desvelos, ¿qué ha supuesto para ti la cofradía desde su fundación?’

El balance siempre es positivo y no es una frase al uso, es verdad, los seglares tenemos que vivir nuestra fe y nuestra comunión con los hermanos dentro de la Iglesia y las cofradías es uno de los muchos instrumentos que la iglesia nos pone. Somos lentos y solemos acordarnos de la cofradía cuando llega Semana Santa y tenemos que salir, pero en el fondo es un camino, un lugar, un encuentro con los hermanos para vivir nuestro compromiso. El balance siempre es bueno, damos testimonio de Amor, no de muerte sino de entrega, de donación de compromiso hasta el final, de paz, de esperanza, de profunda Caridad por sus hijos y decimos que Él lo demostró.

La Cofradía con sus sinsabores y sus alegrías es un mundo cargado de momentos de oración y de fe y de hermandad así que mi balance es positivo y siento mucho que muchos no lo entiendan y crean que solo es un desfile más, que no sepan leer más allá de sus propias limitaciones y esto lo dijo por el inmenso dolor de otras hermandades y cofradías de Murcia que están desamparadas a su propia suerte por falta de sensibilidad de sus consiliarios.

¿Cómo vivías la Semana Santa antes del nacimiento de nuestra Cofradía?

Bueno, nací en el seno de una familia cristiana y eso es fundamental, siempre la he vivido, según mi edad, el grado de maduración y los acontecimientos. Después soy un alumno de Capuchinos y siempre he estado comprometido con su ideario y con la parroquia de San Francisco, y por último y muy importante desde los 17 años, he acompañado por Murcia al Cristo de Refugio, soy un niño de Refugio en lo más profundo de mi ser. Así que la Semana Santa siempre la he tenido muy presente y bueno me dedico al mundo del arte y el diseño, ver desfilar por Murcia sus procesionales es toda una maravilla. Siempre la he vivido en Silencio que es como me lo enseñaron desde niño.

¿Qué es para ti ser nazareno de la Fe?

Ser nazareno, solo eso sin nombre ni apellido. Es dar testimonio del Amor de Cristo en su donación, y en su entrega, es sentirse participe de la comunidad de los cristianos, y es vivir un sin fin de sensaciones cuando procesionas por las calles de Murcia, es una oración en silencio, es ver las miradas de las gentes atrapadas en el rostro de un hombre ajusticiado, es ver como se lo explica la madre al niño y le ensaña a persignarse. El de Murcia al forastero le cuenta lo que está viendo, es ver al señor mayor ponerse en pie al paso del Cristo y llenarse los ojos de lágrimas, un momento de súplica, de petición, de esperanza, un momento para una rosa en el camino. Ser nazareno es ver desde una tribuna a la Murcia nazarena con sus tradiciones y sus anhelos. Ser nazareno es saber que, aunque hierres siempre esta Él para perdonarte y ayudarte otra vez más, es saber que formas parte de algo tan grande como tu fe y la de tus mayores. Ser nazareno es una Gracia de Dios.

¿Cómo ves el futuro de la Cofradía?

Con grandes retos por delante, con un nuevo camino, abriéndose aún más a la Murcia nazarena. Tiene que unirse el colegio y la parroquia y tiene que ser un lugar de encuentro y de fraternidad, y esto suena a palabra siempre correcta, pero es lo que ha de hacer, tiene tanto aun por proponer. Tiene que hacerse mayor y los padres Capuchinos la tienen que dejar que crezca, no sé cómo, la cofradía necesita comprometer a sus cofrades aún más en ella y sus labores que han de durar todo el año.  Yo creo que si es obra de Dios Nuestro señor tendrá un hermoso futuro por delante y estoy seguro de ello.

¿Cuál es tu papel actualmente en ella?

En este momento estar entre ellos como otro más ayudando en lo que puedo, pero en silencio. Ahora mi papel es sentirme cofrade de la Fe y ponerme a su servicio, así como de todos los cofrades, pero en segunda fila y en silencio. Que ya hablo demasiado…

Para terminar Paco, haznos dos recomendaciones: Momentos de la procesión o lugar para ver nuestra procesión desde fuera y otra para vivirla desde dentro.

Está claro que la salida y la entrada por su especial forma de proceder y cuando entra los Nazarenos están ya rotos y bueno que bien lo hacen.

Pero el mejor de los momentos para mí ha sido la visita de del Esposo a sus esposas, del Padre a sus hijas. La estación frente a la ventana de la Madres Dominicas, ese es el mejor momento, yo pediría ahora que estoy ya fuera que fuese aún más silencioso, más solemne, más emotivo, más largo sin prisas que sea como el broche que toda Murcia se agolpa por ver y vivir. Que sea el momento de la identidad más genuina de una procesión de silencio y adoración.

Pocos saben en Murcia que nuestra procesión empieza dentro del templo con los rezos y las Lecturas y termina de igual manera. Eso es algo especial entre nosotros, ahí está la esencia de nuestra estación de penitencia, vivirlo siempre con la mayor de las emociones… y luego cada cual, a su sitio, pues todo quehacer es importante para Gloria de Nuestro Señor.