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Defended la Fe

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Llegó la última a nuestra Semana Santa y es sin duda la primera. Que nadie se confunda en este punto, pues la humildad franciscana nos libre de cualquier comparación. La primera en el sentido de semilla, de germen, nada más.

Es cierto que junto a la esperanza y la caridad forma el trio de virtudes teologales; pero voy a permitirme resaltarla por encima de todas: La Fe es el comienzo del camino, la puerta, es el primer paso. El Pilar maestro sobre el que ir ramificando otras virtudes, y de ella parte cualquier advocación o expresión del amor de Cristo o al amor a Él.

Origen fecundo del bien y de la relación con Dios. Son solo dos letras las que construyen en el diccionario castellano la palabra más importante del cristiano, pero también para cualquier ser humano. La esperanza, dicen, es lo último que se pierde, y yo me permito añadir: siempre y cuando no hayamos perdido antes la Fe. Volviendo a la palabra, son solo dos letras a las que hay que proteger, defender y cuidar.

La Fe, no es escándalo (aunque debiera serlo) ni sorpresa está siendo atacada por unos por ser el pretexto bajo el que otros quieren sembrar el terror. Esa, la de los que siembran el terror diciéndose motivados por ella, es sin duda es una fe corrompida por el odio. Es esta una fe utilizada.

La denostación de la Fe, de nuestra Fe, también es asunto recurrente en el ámbito mediático y social: burlas hacia los creyentes o desprecio hacia lo que creemos lleva aparejado.

Existen ataques a la Fe con la violencia de las armas por parte de los que dicen actuar en nombre de ella; pero en cuanto a los denostadores, sus ataques son quizás menos evidentes y desde luego contundentes, menos virulentos en sus consecuencias, aunque el azote de las palabras y de los actos, también puede llegar a derruir ciertos muros. La lluvia que más cala no es la torrencial.

Es aquí donde volvemos unas líneas arriba, donde decía eso de proteger, defender y cuidar. De los demás (justo arriba descritos), pero también de nosotros mismos. De nuestro particular San Pedro que unas veces con más consciencia y otras con menos nos hace negar e incluso renegar de palabra, obra u omisión de la Fe que nos une a Cristo y nos reúne, por ejemplo, el Sábado de Pasión.

Nuestra defensa y protección de la Fe ha de ser con palabras, claro, cuando la ocasión así lo tercie. Pero “por sus obras los conoceréis” (Mt 7,15-20) y no se trata de enzarzarnos nunca en pugnas bidireccionales con reminiscencias bélicas de otro tiempo.

Nuestro cuidado de la Fe comienza el Sábado de Pasión, de marrón frailuno desde “la Redonda”.